Kiss my Kiss

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Breve historia de un prototipo social para trabajar el beso a través de las chucherías


Kiss my Kiss from Mugaritz on Vimeo.

Estos son los incontrovertibles hechos de los que da cuenta el vídeo que presentamos: aproximadamente dos centenares de personas de toda condición de género, edad, clase e ideología se reunieron el 16 de julio de 2015 en el Centro de Arte 2 de Mayo (CA2M) de Móstoles, para besarse mientras comían golosinas.

Dicho de esta guisa, lo que sucedió allí podría ser tomado como uno más de los incontables eventos (lipdubs, flashmobs, quedadas, happenings, etc.) que jalonan los días y las noches de eso que se ha dado en llamar la “sociedad del espectáculo”, eventos realizados a mayor gloria de un hedonismo facilón e irreflexivo, que nada aportan a quien los experimenta, salvo un falso exhibicionismo que se replica como en un interminable bucle en las redes sociales: un parco “yo estuve allí”.

Kiss my Kiss perseguía romper esa lógica narcisista y autosatisfecha, esa absurda celebración de uno mismo, mediante la puesta en juego del beso, aquello que nos hace salir de nosotros y hacernos uno con los demás, proclamando sin complejos algo que va contra el sentido común porque, entre otras cosas, atenta contra los fundamentos del deseo: “el beso para el que se lo trabaja”. Un mensaje anticlimático, anafrodisíaco, en apariencia, que llevado hasta sus últimas consecuencias logra fundir esfuerzo y placer, trabajo y evasión.

El propósito de Kiss my Kiss era dificultar el beso para mejorarlo, abandonando de este modo la previsible y culturalmente cansina senda del beso happy end que Hollywood ha conseguido imprimir a fuego en nuestro córtex cerebral. Y movilizó para ello recursos humanos, técnicos, poéticos, musicales, gastronómicos, libidinales, artísticos, etc.

Si rebobináramos la historia de Kiss my Kiss podríamos ver a un par de cocineros del equipo creativo de Mugaritz, un poeta y un sociólogo (soy consciente de que el enunciado anticipa un chiste, probablemente malo),  reunidos en torno a una encimera de cocina, rodeados de apuntes, chucherías, portátiles y tazas de café vacías. A los cuatro les unía un entusiasmo entre infantil y deliciosamente idiota por el poder y la promesa de las chuches. Posteriormente se unirían al grupo varios miembros del equipo de Mugaritz para resolver la logística de un sueño: cómo besar con la boca llena. Lo que es decir: cómo hacer del beso una experiencia más disruptiva, interesante, placentera y reflexiva -dimensiones que no tienen por qué neutralizarse unas a otras-, “entrometiendo” entre boca y boca, entre lengua y lengua, chucherías cuya vocación era especular con sabores, formas, colores, olores y texturas, de suerte que el beso provocase un estallido de sensaciones y pensamientos, placeres y displaceres, encuentros y desencuentros.

Este es el backstage, la parte oculta, de lo que aconteció aquella tarde en el marco de las Picnic Sessions organizadas por el CA2M. Como toda trastienda, la nuestra también fue un espacio, inhóspito y secreto, donde os podemos asegurar que se entreveraron sin esfuerzo el trabajo del placer y el placer del trabajo. El vídeo muestra sutilmente, como en un telón de fondo que más parece una red tejida para atrapar el subconsciente, la trama de conceptos y formas que sostienen lo que allí sucedió. El sustrato que permitió que afloraran, en primer plano, esas expresiones de gozo, perplejidad y comunión con que el público asistente nos honró y de las que hemos querido dar testimonio en este vídeo. Disfrutadlo con responsabilidad.

Iñaki Martinez de Albeniz.

Doctor en Sociología por la UPV.

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